Sikil celebra lo más íntimo de la gastronomía yucateca. Su nombre evoca esa salsa espesa de pepita, y su espíritu también: denso, cálido y lleno de matices. Aquí se cocina con respeto por la herencia maya, pero con visión actual. Las técnicas tradicionales se afinan sin borrar su origen.
Los sabores tienen peso: humo, maíz, chiles secos, recados. Todo se sirve con una sensibilidad que equilibra lo rústico y lo elegante. Es el tipo de lugar que te recuerda que la comida puede ser identidad y arte al mismo tiempo.